Estábamos en una habitación solos, besándonos, todo era perfecto; lo empujé hacia la cama, y allí más juntos que nunca, seguíamos besándonos, abrazándonos, con la temperatura más o menos a 1.000°. Cuando nos interrumpió ella¬ no había tocado la puerta, como de costumbre. Se que algo sospechaba. Nos ruborizamos, no sabíamos que decir, nos miraba con cara de que habíamos roto alguna regla. Le dijimos, bueno en realidad yo dije, que no lo íbamos a hacer más, que solo nos habíamos dejado llevar por el momento, puso una cara de, si claro y se fue resignada. Al cerrarse la puerta nos miramos y reímos, hubo un silencio de cómo 2 segundos y me dijo, escapemos juntos. En ese momento comprendí que solo era un sueño, ya que era demasiada ficción, y desperté.
Frecuento ser rutinaria, ya no tengo nada que esperar. Solo una cosa, la noche. ¿Para qué? Para soñar. ¿Cómo sería si ese rejunte de pensamientos del subconsciente, en realidad sería la parte en la que estás despierto? Es lo que todas las noches deseo que pase. En mis sueños todo es posible, sueño con cosas que no tengo, con cosas que tuve y que no voy a volver a tener.

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